…me he acordado de uno de ellos, ni más ni menos importante que otros, pero que sí que recuerdo. Mi facilidad para tratar con cables y conectores no me es innata, y curiosamente conozco el instante preciso en el que aprendí todo lo que debía saber para manejarme entre cables con soltura. Cuando era un crío, mi padre tenía un equipo de música, no una minicadena, si no un equipo compuesto por amplificador, pletinas, sintonizador, ecualizador, tocadiscos, altavoces… todo modular, y conectado mediante una maraña de unos 50 cables (probablemente menos, pero yo era pequeño, y recuerdo que eran muchos, jajaj) Le vi moverlo de sitio y reconectarlo con facilidad en diversas ocasiones, pero aquello no me parecía fácil, ni de lejos. Cuando nos mudamos a la calle Maçana de Girona, debió verme interesado (o aburrido), y me dejó sacarlo de las cajas y conectarlo. Sólo me dio una instrucción, clara, concisa y que, por lo visto, recordaría hasta el día de hoy: ‘Tienes que conectar la salida de un aparato, con la entrada del otro’. Debía tener unos 12 años o menos, creo yo, pero me hizo entender que los conectores de los aparatos son direccionales, que unos envían señales y otros las reciben, y que puedes mandar la señal que origina un dispositivo hacia otro, si sabes identificar los conectores. Todavía tengo presente esa frase dogmática cada vez que enchufo un cable, y he conectado ya muchos
Hoy en ‘Momentos clave de nuestras vidas’…
Advertisement









